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¿Qué tan circular es la economía circular?

Mientras sigamos acumulando materias primas, cerrar el ciclo de vida de los materiales seguirá siendo una ilusión, incluso con aquellos materiales que, en principio, son reciclables.

Traducido por: María Lapeña

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Ilustración de Diego Marmolejo

La economía circular - el término mágico más reciente en el vocabulario de desarrollo sostenible- promete un crecimiento económico sin destrucción o residuos. Sin embargo, el concepto solo se centra en una pequeña parte del uso total de los recursos, sin tener en cuenta las leyes de la termodinámica.

Introducción a la economía circular

La economía circular se ha convertido para muchos gobiernos, instituciones, empresas y organizaciones medioambientales, en uno de los principales componentes del plan para reducir las emisiones de carbono. En la economía circular, los recursos se reutilizan continuamente, lo que significa una reducción en la actividad minera y en la producción de residuos. Se hace hincapié en el reciclaje, que es posible gracias al diseño de productos más fácilmente desmontables.

También se presta atención al desarrollo de una “cultura de consumo alternativa”. En la economía circular, se fomenta el uso frente a la posesión, ya no seríamos propietarios de los productos, sino que los tendríamos prestados. Por ejemplo, un cliente no pagaría por los aparatos de iluminación, sino por la luz, mientras que la empresa seguiría siendo la propietaria de los aparatos y se encargará del coste de su mantenimiento. De este modo, un producto se convierte en un servicio y lleva a pensar que esto animaría a las empresas a mejorar la vida útil y la reciclabilidad de los productos.

La economía circular se presenta como una alternativa a la “economía lineal”, término acuñado por los defensores de la circularidad, y que hace referencia al hecho de que las sociedades industriales convierten recursos valiosos en residuos. Sin embargo, aunque no hay duda de que el modelo industrial actual es insostenible, la cuestión es cuán diferente sería la llamada economía circular.

Varios estudios científicos (véanse las referencias) describen el concepto como una “visión idealizada”, una “mezcla de varias ideas de distintos ámbitos” o una “idea vaga basada en conceptos pseudocientíficos”. A continuación, se plantean los tres puntos principales de crítica.

Demasiado complejo para reciclar

Lo primero que hace mella en la credibilidad de la economía circular es el hecho de que el proceso de reciclaje de los productos modernos dista mucho de ser 100% eficiente. La economía circular no es algo nuevo. En la Edad Media, la ropa vieja se convertía en papel, los desperdicios de comida se daban a las gallinas o a los cerdos, y los edificios nuevos se construían con restos de los antiguos. La diferencia entre entonces y ahora son los recursos utilizados.

Antes de la industrialización, casi todo se fabricaba con materiales descomponibles -como la madera, la caña o el cáñamo- o fáciles de reciclar o reutilizar -como el hierro y los ladrillos-. Los productos modernos se componen de una diversidad mucho mayor de (nuevos) materiales, que en su mayoría no son ni descomponibles ni fáciles de reciclar.

Por ejemplo, un estudio reciente sobre el Fairphone 2 modular -un smartphone diseñado para ser reciclable y tener una vida útil más larga- muestra que el uso de materiales sintéticos, microchips y baterías hace imposible cerrar el círculo. Tan solo el 30% de los materiales utilizados en el Fairphone 2 son recuperables. Un estudio sobre las luces LED arrojó un resultado similar.

El uso a gran escala de materiales sintéticos, microchips y baterías hace imposible cerrar el círculo.

Cuanto más complejo es un producto, más pasos y procesos se necesitan para reciclarlo, y en cada paso de este proceso se pierden recursos y energía. Además, en el caso de los productos electrónicos, el propio proceso de producción es mucho más intensivo en recursos que la extracción de las materias primas, lo que significa que el reciclaje del producto final solo recupera una fracción de los insumos. Aunque algunos plásticos se reciclan, este proceso solo produce materiales de calidad inferior (downcycling) que entran en el flujo de residuos inmediatamente después.

La escasa eficiencia del proceso de reciclaje es, por sí sola, suficiente para echar por tierra el concepto de economía circular: la pérdida de recursos durante el proceso de reciclaje siempre tiene que compensarse con sobreexplotación de los recursos del planeta. Los procesos de reciclaje mejorarán, pero el reciclaje es siempre un compromiso entre la máxima recuperación de material y el mínimo uso de energía. Y eso nos lleva al siguiente punto.

¿Cómo reciclar las fuentes de energía?

Lo segundo que hace mella en la credibilidad de la economía circular es el hecho de que el 20% del total de los recursos utilizados en el mundo son combustibles fósiles. Más del 98% se quema como fuente de energía y no puede reutilizarse ni reciclarse. En el mejor de los casos, el exceso de calor procedente, por ejemplo, de la generación de electricidad, puede utilizarse para sustituir otras fuentes de calor.

A medida que la energía se transfiere o transforma, su calidad disminuye (segunda ley de la termodinámica). Por ejemplo, es imposible hacer funcionar un coche o una central eléctrica con el exceso de calor de otro. En consecuencia, siempre será necesario extraer nuevos combustibles fósiles. Además, el reciclaje de materiales también requiere energía, tanto en el proceso de reciclaje como en el transporte de los materiales reciclados y por reciclar.

Para esto, los partidarios de la economía circular tienen una respuesta: pasaremos a la energía 100% renovable. Pero esto no hace que el círculo sea redondo: para construir y mantener las plantas de energías renovables y las infraestructuras que las acompañan, también necesitamos recursos (tanto energéticos como materiales). Además, la tecnología para recoger y almacenar la energía renovable se basa en materiales difíciles de reciclar. Por eso los paneles solares, los aerogeneradores y las baterías de iones de litio no se reciclan, sino que se depositan en vertederos o se incineran.

La entrada supera a la salida

El tercer punto en hacer mella en la credibilidad de la economía circular es el mayor: el uso global de recursos -tanto energéticos como materiales- sigue aumentando año tras año. El uso de recursos creció un 1400% en el último siglo: de 7 gigatoneladas (Gt) en 1900 a 62 Gt en 2005 y 78 Gt en 2010. Esto supone un crecimiento medio de alrededor del 3% anual, más del doble del ritmo de crecimiento de la población.

El crecimiento hace imposible una economía circular, incluso si todas las materias primas fueran recicladas y todo el reciclaje fuera 100% eficiente. La cantidad de material usado que se puede reciclar siempre será menor que el material necesario para el crecimiento. Para compensar esto, tenemos que extraer continuamente más recursos.

El crecimiento hace imposible una economía circular, incluso si todas las materias primas fueran recicladas y todo el reciclaje fuera 100% eficiente.

La diferencia entre la demanda y la oferta es mayor de lo que parece. Si observamos el ciclo de vida completo de los recursos, queda claro que los defensores de una economía circular solo se centran en una parte muy pequeña de todo el sistema y, por lo tanto, malinterpretan la forma en que funciona.

Acumulación de recursos

Un segmento considerable de todos los recursos -aproximadamente un tercio del total- no se recicla, ni se incinera ni se vierte: se acumula en edificios, infraestructuras y bienes de consumo. En 2005, se utilizaron 62 Gt de recursos en todo el mundo. Tras restar las fuentes de energía (combustibles fósiles y biomasa) y los residuos del sector minero, las 30 Gt restantes se utilizaron para fabricar bienes materiales. De ellos, 4 Gt se utilizaron para fabricar productos que duran menos de un año (productos desechables).

Los otros 26 Gt se acumularon en edificios, infraestructuras y bienes de consumo que duran más de un año. En el mismo año, se eliminaron 9 Gt de todos los recursos excedentes, lo que significa que las “existencias” de capital material aumentaron en 17 Gt en 2005. En comparación: el total de residuos reciclables en 2005 fue de solo 13 Gt (4 Gt de productos desechables y 9 Gt de recursos excedentes), de los cuales solo un tercio (4 Gt) puede reciclarse de forma efectiva.

Aproximadamente un tercio de todos los recursos no se reciclan, ni se incineran, ni se vierten: se acumulan en edificios, infraestructuras y bienes de consumo.

Solo 9 Gt se depositan en un vertedero, se incineran o se tiran, y es en estos 9 Gt en los que se centra la economía circular. Pero incluso si todo eso se reciclara, y si los procesos de reciclaje fueran 100% eficientes, el círculo seguiría sin cerrarse: seguirían siendo necesarias 63 Gt de materias primas y 30 Gt de productos materiales.

Mientras sigamos acumulando materias primas, el cierre del ciclo de vida de los materiales sigue siendo una ilusión, incluso para los materiales que, en principio, son reciclables. Por ejemplo, los metales reciclados solo pueden abastecer el 36% de la demanda anual de metal nuevo, aunque el metal tenga una capacidad de reciclaje relativamente alta, en torno al 70%. Seguimos utilizando más materias primas en el sistema de las que pueden estar disponibles a través del reciclaje, por lo que sencillamente no hay suficientes materias primas reciclables para poner fin a la economía de extracción en continua expansión.

La verdadera cara de la economía circular

Un uso más responsable de los recursos es, por supuesto, una idea excelente. Pero para conseguirlo, no basta con reciclar y reutilizar. Dado que el 71% de todos los recursos no pueden reciclarse ni reutilizarse (el 44% son fuentes de energía y el 27% se añaden a las existencias) solo se pueden obtener mejores cifras reduciendo el uso total.

Por tanto, una economía circular exigiría que utilizásemos menos combustibles fósiles (que no es lo mismo que utilizar más energía renovable) y que acumulásemos menos materias primas en los productos básicos. Y lo que es más importante, tendríamos que fabricar menos cosas: menos coches, menos microchips, menos edificios. Esto supondría un doble beneficio: necesitaríamos menos recursos, mientras que la oferta de materiales desechados disponibles para su reutilización y reciclaje seguiría creciendo durante muchos años.

Parece poco probable que los defensores de la economía circular acepten estas condiciones adicionales. El concepto de economía circular pretende alinear la sostenibilidad con el crecimiento económico, es decir, más coches, más microchips, más edificios. Por ejemplo, la Unión Europea afirma que la economía circular “fomentará el crecimiento económico sostenible”.

Incluso los objetivos limitados de la economía circular -reciclaje total de una fracción de los recursos- exigen una condición extra con la que los defensores probablemente no estarán de acuerdo: que todo vuelva a estar hecho con madera y metales simples, sin utilizar materiales sintéticos, semiconductores, baterías de iones de litio o materiales compuestos.

Kris De Decker.

Referencias:

Haas, Willi, et al. “How circular is the global economy?: An assessment of material flows, waste production, and recycling in the European Union and the world in 2005.” Journal of Industrial Ecology 19.5 (2015): 765-777.

Murray, Alan, Keith Skene, and Kathryn Haynes. “The circular economy: An interdisciplinary exploration of the concept and application in a global context.” Journal of Business Ethics 140.3 (2017): 369-380.

Gregson, Nicky, et al. “Interrogating the circular economy: the moral economy of resource recovery in the EU.” Economy and Society 44.2 (2015): 218-243.

Krausmann, Fridolin, et al. “Global socioeconomic material stocks rise 23-fold over the 20th century and require half of annual resource use.” Proceedings of the National Academy of Sciences (2017): 201613773.

Korhonen, Jouni, Antero Honkasalo, and Jyri Seppälä. “Circular economy: the concept and its limitations.” Ecological economics 143 (2018): 37-46.

Fellner, Johann, et al. “Present potentials and limitations of a circular economy with respect to primary raw material demand.” Journal of Industrial Ecology 21.3 (2017): 494-496.

Reuter, Markus A., Antoinette van Schaik, and Miquel Ballester. “Limits of the Circular Economy: Fairphone Modular Design Pushing the Limits.” 2018

Reuter, M. A., and A. Van Schaik. “Product-Centric Simulation-based design for recycling: case of LED lamp recycling.” Journal of Sustainable Metallurgy 1.1 (2015): 4-28.

Reuter, Markus A., Antoinette van Schaik, and Johannes Gediga. “Simulation-based design for resource efficiency of metal production and recycling systems: Cases-copper production and recycling, e-waste (LED lamps) and nickel pig iron.” The International Journal of Life Cycle Assessment 20.5 (2015): 671-693.

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